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Racismo

En Argentina, según datos del PNUD, la población indígena presenta tasas de pobreza que son en promedio dos veces más altas que para el resto y la región chaqueña en particular, fue señalada como una de las más desfavorecidas del país.



Por María Beatriz Gentile

Indios infectados, ustedes son unos mal acostumbrados”, les gritaban los policías chaqueños a los jóvenes qom mientras les pegaban. 

El racismo cumple una función decisiva en la legitimación de las exclusiones, pues naturaliza las desigualdades sociales. 

En Argentina, según datos del PNUD, la población indígena presenta tasas de pobreza que son en promedio dos veces más altas que para el resto. La región chaqueña en particular, fue señalada como una de las más desfavorecidas del país y donde el 93% de la población rural cuenta con alguna carencia ya sea de servicios o recursos materiales

En Estados Unidos la desigualdad salarial es evidente; por ejemplo, la media de los ingresos de hombres negros es de 23,738$ mientras que la de los blancos es de 36,738$. Es también el país con mayor cantidad de población reclusa por cada cien mil habitantes y los afroamericanos constituyen el 38% de los presos, cuando tan solo representan el 12% del total de habitantes frente a un 63% de blancos y un 18% de hispanos.

El debate académico sobre la existencia de las razas es tan antiguo como la Antropología Física que pretendía ofrecer una clasificación científica de esto; sin embargo, profundizar en ello es irrelevante. No son las razas las que crean el racismo; sino el racismo, el que construye las razas.

Podríamos distinguir entre un racismo teorizado, es decir con producción de textos pretendidamente fundado en estudios médicos, jurídicos, etcétera y un racismo como praxis social. Este último, utilizado como sentido común, comporta actitudes casi inconscientes pero enraizadas en vivencias, sentires y prejuicios que son profundamente ideológicos

El racismo como praxis social, mata: “Ya les tiramos alcohol, ¿quién les prende fuego?”, afirmaban los policías chaqueños que torturaban a los referentes indígenas acusándolos de “haber traído” el virus. 

De acuerdo a la autopsia, el afroamericano George Floyd falleció hace unas semanas, como consecuencia de un paro cardiopulmonar ocurrido mientras un policía blanco de Minneapolis le aplastaba el cuello cuando estaba tendido en el piso. 

En el actual contexto de pandemia, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) adoptó la resolución en la que ubica a los pueblos indígenas como grupos en situación de especial vulnerabilidad junto a las persones mayores, a los privados de libertad, afrodescendientes, personas LGTBI, niños, niñas y adolescentes, mujeres, personas con discapacidad y migrantes.

A pesar de ello, en Estados Unidos mientras la tasa de mortalidad por el Covid 19 es de 322 por millón de habitantes, en los blancos baja a 227 y en los negros sube a 546 por millón. 

La pandemia actualizó aquello de que racismo y colonialismo van tan de la mano como la triada etnia-genero-clase: en América los no blancos y mujeres son también los más pobres.

¿Quién se creía que era esa india? Es la fórmula desquiciada de la condena de Milagro Sala por su doble identidad de género y raza, escribió Dora Barrancos. Una villera alejada de los estereotipos femeninos capaz de convocar a miles en nombre de la justicia social, se volvió intolerable.

La excusa de los policías chaqueños fue la de un presunto ataque a pedradas a la comisaría, pero no pudieron explicar los registros fílmicos de su brutalidad al golpear, tomar de los pelos y torturar a los jóvenes qom mientras gritaban “indios infectados hay que matarlos a todos”

Donald Trump insiste en aplicar la Ley contra la Insurrección de 1807. Una normativa federal de 213 años que le permite desplegar tropas militares frente a la protesta provocada por el asesinato de Floyd y la crisis social. La última vez que se aplicó fue en 1992 y con motivos similares: reprimir la reacción de rechazo a la absolución de cuatro policías blancos filmados cuando le propinaban una golpiza a Rodney King, taxista negro de Los Angeles. 

El racismo mata y continuará haciéndolo, hasta que alguna de estas voces sean escuchadas: “Combinando todos los matices, debemos entrelazar cantidad de colores, sin entrar en contradicción… Un güipil genialmente integrado, una ofrenda a la Humanidad”, Rigoberta Menchu, Premio Nobel de la Paz, 1992














María Beatriz Gentile
Historiadora, decana de la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue